Crónica de Hamlet en la Sala Acapulco de Gijón, 07/11/15

Posted: Noviembre 9, 2015 by De Bolo in Crónicas
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Por David Fueyo

Fotografía de David Fueyo

Fotografía de David Fueyo

La Ira”, el disco que los madrileños Hamlet presentaron en nuestra sala Acapulco, es una propuesta cruda y desgarradora, un retorno a los orígenes del grupo en un intento de volver a los éxitos de finales de los 90 con LPs como “Revolución 12.111” (Zero Records, 1996) o “Insomnio” (Zero Records, 1998). Aquellos trabajos de estudio consiguieron que el grupo tuviera un sonido propio imitado hasta la saciedad en el que las guitarras melódicas se incrustaban entre partes más hardcores, con una melodía de voz muy bien definida, unas letras pegadizas y un frontman que, a día de hoy, sigue siendo de lo mejor del panorama nacional. Hamlet es Hamlet, y no podrían definirse de mejor manera. Curiosamente, de “La Ira” puedo afirmar que es Hamlet sin medio Hamlet, es decir, sin las piezas más melódicas, sin los estribillos más pegadizos y sin la parte más inocente del grupo. Todos nos hemos hecho adultos durante este tiempo y la banda nos ha querido acompañar madurando junto a nuestros oídos. El conjunto es atrevido y lo demuestra con su sonido, en realidad lleva haciéndolo desde “El Inferno” (Zero Records, 2000), un disco que estuve a punto de devolver en la tienda Tipo por defectuoso, ya que no era normal que la voz se escuchase tan baja y las guitarras tan altas. Luego me di cuenta de que con Hamlet eso podía ser parte de su experimentación musical.

Hace un par de años me tomaba a broma que el grupo hiciera un 15º aniversario a esa joya que fue el “Insomnio”, pero así fue y disfruté aquel concierto como nunca antes lo había hecho con los madrileños en directo. Ya he perdido la cuenta de las veces que les he visto, y es que en mi adolescencia ellos fueron gran parte de mi banda sonora, y cada vez que vienen a Asturias uno se siente en deuda con aquellos buenos momentos de discman y versiones en el local.

Sé que “La Ira” es un disco difícil, e incluso extraño, y con extrañeza parecía recibirlo el público de la “Acapulco” durante los primeros 40 minutos del directo en el que este álbum fue poco a poco desgranándose ante nosotros. Sin pogos, sin corear las canciones, con los corrillos todavía en animada conversación en la parte trasera de la sala en los típicos momentos de presentación de disco nuevo en los que el público está aún frío, esperando que el grupo los empiece a calentar.

Fotografía de David Fueyo

Fotografía de David Fueyo

Sabedores de que la Acapulco nos barre a las 12 en punto, el reloj no nos preocupaba demasiado, pero el ambiente no era el de las grandes ocasiones, (de que lo sea se debe encargar el grupo, por supuesto) y temas como “Lamento”, “Miseria”, “Sin tiempo”, “Salvación” y demás del nuevo álbum se iban sucediendo entre algunas quejas del respetable ante un sonido bastante deficiente. Cierto es que todo sonaba empastado, pero  la excesiva reverb en la voz de Molly, quizá demasiados graves juntos y una sensación de que el grupo lleva media hora tocando lo mismo, no conseguía hacernos despegar a los habituales del pogo, entre ellos a este cronista.

La llegada de los temas clásicos como “Limítate”, “Antes y después” o “Muérdesela” me hizo comprobar que Molly, Tárrega y Paco Sánchez, el batería, siguen en plena forma, mientras que Álvaro Tenorio al bajo cumple aunque hay que reconocer la pérdida de protagonismo de este instrumento en los últimos discos, y del otro guitarra Ken HC se puede decir que estuvo bastante bien dentro del barullo sonoro en el que se convierte la Acapulco cuando el metal hace acto de presencia en la misma.

Sin embargo esta parte de canciones más conocidas me pareció más bien escasa sabiendo que el grupo atesora múltiples himnos en sus anteriores 10 trabajos y por ejemplo “1998”, “¿Quién creé que Raquel se suicidó?” o “Vivir es una ilusión” no sonaron en esta ocasión, cuando son temas que no deberían faltar y que pueden hacer que muchos nuevos seguidores se acerquen a aquellos discos que representan la esencia del quinteto.

Que nadie pidiera las clásicas otras tres antes del bis denota que quienes allí estábamos conocíamos al grupo y que nadie se podría creer que se fueran sin dos de sus temas estrella, “Jodido Facha” e “Irracional” y estas dos, junto con “Imaginé”, una canción perdida en el tracklist de un disco no demasiado reivindicado, como es el “Syberia” (Locomotive, 2005) pusieron punto final de una manera bastante tibia al recital tras cerca de dos horas desde su inicio y unos 20 codazos a destiempo, más o menos, de la chica que estaba situada delante de mi y que parece ser que, o bien nunca antes había estado en un concierto de metal o simplemente quizá tenía ganas de dar ostias y decidió comprarse una entrada para la Acapulco para soltarlas allí. En 20 años jamás había visto cosa igual y espero no volver a ver una actitud así nunca más en un lugar, el pogo, en el que el intercambio de golpes y sudor es sano y se hace en hermandad, donde el abrazo con el desconocido es parte del show. Quien se asoma a las primeras filas ya sabe donde va, y si no hay unos sitios preciosos un poco más atrás.

Fotografía de David Fueyo

Fotografía de David Fueyo

Tras un gesto feo de Tárrega a la hora de despedirse (es increíble que lleves más de 25 años sobre los escenarios y se te escape una falta de respeto así al público, un antiestético y borde “¡Qué pesado!” a un seguidor que le estaba pidiendo una púa), el grupo se despidió dejando un sabor de boca agridulce ante un público que no se puede decir que haya salido del todo decepcionado, pero que quizás esperaba un poco más de un grupo puntero de toda la vida dentro del palo del metal.

En los corrillos post concierto la tibieza de la propuesta a la que acabábamos de asistir  era del tema generalizado, aunque se reconocía que el concierto del 2013 en el que el grupo tocó uno por uno todos los temas del “Insomnio” quizá puso el listón demasiado alto. Por aquella época retomé el grupo, escuché su discografía completa y hasta rescaté de casa de mis padres la vieja camiseta verde “hamletera”, alucinado por el espectáculo que los madrileños acababan de dar.

Sin embargo esta mañana he sacado del reproductor del coche “La Ira” y cuando llegue a casa lo haré dormir durante un tiempo en su caja, en la estantería de discos a macerar, al lado del “Syberia”, de “La Puta y el Diablo” (Roadrunner, 2009)  y del “Amnesia” (Kaiowas, 2011).

Demasiada cosecha irregular para un grupo al que hay que reconocerle que hace lo que le da la gana, que arriesga, que intenta innovar y que está en forma, pero los que llevamos ahí enfrente 20 años queremos todo eso y algo más, ya que se corre el riesgo de que sea el público que está ahí abajo, el que paga su entrada y el que sostiene al grupo como “carne de stage” como el propio Molly dijo en la Acapulco, el que le diga a los de arriba eso de “¡Que pesados!”.





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